Fuente: El periódico Mediterráneo
Siete de cada diez ofertas de empleo requieren saber la lengua inglesa
El inglés sigue siendo el más demandado por las empresas residentes en España. De hecho, la lengua de Shakespeare sigue siendo requisito imprescindible en más de un 74% de las ofertas de empleo cualificado, según el Informe Oferta y Demanda de Empleo en España 2009 elaborado por el portal infoempleo.com en colaboración con Adecco analizando 205.540 ofertas. Le sigue en importancia el francés con el 7,28% y el alemán con 4,52% mientras que portugués e italiano solo suman el 0,3% de las consultas.
La demanda de candidatos con idiomas es mayor en áreas de exportación, seguido de marketing, administración y finanzas, recursos humanos y también en informática.
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31 de marzo de 2010
Siete de cada diez ofertas de empleo requieren saber la lengua inglesa
Una reflexión de
De traducciones y otras rarezas
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13:21
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15 de julio de 2007
Los más trabajadores de Europa
Los autónomos españoles, entre los que más trabajan de Europa
Su semana laboral se estira hasta las 43,9 horas, más de tres por encima de la media comunitaria
Fuente: El País
La jornada laboral de los trabajadores autónomos en España se encuentra entre las más largas de Europa, con un media de 43,9 horas semanales, según un estudio de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA).
Por encima, incluso, de los españoles se encuentran los trabajadores griegos (45,5 horas semanales), seguidos de polacos (44,6 horas), eslovenos (44,2), checos (44,2) y letones (44). La jornada semanal media de los autónomos en la Unión Europea se sitúa en 40,6 horas.
Alemania, con 39 horas semanales de media, seguida de Italia (39,9 horas), Austria (39,8), Gran Bretaña (39,4) e Irlanda (39,2), entre otros, se encuentran entre los países donde los autónomos tienen una jornada laboral por debajo de la media europea e inferior a las 40 horas semanales.
En comparación con los asalariados, los autónomos de la UE trabajan una media de 4,4 horas más que los trabajadores por cuenta ajena. En España, Polonia y Grecia, esta diferencia se amplía a siete horas más a la semana.
Su semana laboral se estira hasta las 43,9 horas, más de tres por encima de la media comunitaria
Fuente: El País
La jornada laboral de los trabajadores autónomos en España se encuentra entre las más largas de Europa, con un media de 43,9 horas semanales, según un estudio de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA).
Por encima, incluso, de los españoles se encuentran los trabajadores griegos (45,5 horas semanales), seguidos de polacos (44,6 horas), eslovenos (44,2), checos (44,2) y letones (44). La jornada semanal media de los autónomos en la Unión Europea se sitúa en 40,6 horas.
Alemania, con 39 horas semanales de media, seguida de Italia (39,9 horas), Austria (39,8), Gran Bretaña (39,4) e Irlanda (39,2), entre otros, se encuentran entre los países donde los autónomos tienen una jornada laboral por debajo de la media europea e inferior a las 40 horas semanales.
En comparación con los asalariados, los autónomos de la UE trabajan una media de 4,4 horas más que los trabajadores por cuenta ajena. En España, Polonia y Grecia, esta diferencia se amplía a siete horas más a la semana.
Una reflexión de
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11:34
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10 de mayo de 2007
Informe de "El Mundo": Las 5 mejores facultades de Traducción e Interpretación de España
Gracias a mi querido compañero Oliver Carreira, incluyo este informe realizado por el diario "El Mundo" sobre las mejores facultades en las que estudiar TeI.
Podéis consultar este ranking y otros de distintas carreras en http://aula.elmundo.es/aula/especiales/2007/50carreras/traduccion.html
Traducción e Interpretación
1. Autònoma de Barcelona
ALUMNOS: 1.140
PROFESORES: –
NOTA DE CORTE: Entre 5 y 6,8
PLAZAS: 220
DURACIÓN: 4 años
PRECIO ORIENTATIVO: 747 euros.
Excelente por la preparación en la interpretación consecutiva y simultánea y en la traducción especializada, por el programa de refuerzo que ofrece la facultad y por disponer de unas aulas equipadas con las tecnologías más innovadoras. Es la única que oferta la titulación en segundas lenguas de portugués, italiano, ruso, árabe, chino y japonés.
RASGO DESTACADO: Tiene convenios con más de 75 universidades de 25 países.
2. Granada
ALUMNOS: 1.650
PROFESORES: 130
NOTA DE CORTE: 8,58
PLAZAS: 272
DURACIÓN: 4 años
PRECIO ORIENTATIVO: 750 euros.
Sus puntos fuertes son la amplia oferta lingüística con el árabe como Primera Lengua extranjera (es la única de España que la ofrece) y sus cuatro itinerarios de especialización con una orientación muy práctica. Sus estudiantes tienen la nota de selectividad más alta de todo el territorio nacional.
RASGO DESTACADO: Se intenta simular distintos entornos laborales como el del teletrabajo.
3. Jaume I
ALUMNOS: 519
PROFESORES: 51
NOTA DE CORTE: 7,16
PLAZAS: 100
DURACIÓN: 4 años
PRECIO ORIENTATIVO: 600 euros.
Aprovecha al máximo las últimas tecnologías aplicadas a la docencia, la investigación y la gestión universitaria con aulas virtuales y ordenadores portátiles para estudiantes. A partir de tercer curso, es habitual que las clases de traducción, interpretación y terminología se impartan en los laboratorios de traducción e interpretación.
RASGO DESTACADO: Oferta cuatro itinerarios, entre ellos el de Traducción Audiovisual.
4. Salamanca
La gran cantidad de créditos de libre elección permiten personalizar la titulación e incluso cursar simultáneamente dos carreras.
5. Pompeu Fabra
Sigue el modelo docente europeo: menor presencia del alumno en las aulas y una marcada orientación profesional.
Podéis consultar este ranking y otros de distintas carreras en http://aula.elmundo.es/aula/especiales/2007/50carreras/traduccion.html
Traducción e Interpretación
ALUMNOS: 1.140
PROFESORES: –
NOTA DE CORTE: Entre 5 y 6,8
PLAZAS: 220
DURACIÓN: 4 años
PRECIO ORIENTATIVO: 747 euros.
Excelente por la preparación en la interpretación consecutiva y simultánea y en la traducción especializada, por el programa de refuerzo que ofrece la facultad y por disponer de unas aulas equipadas con las tecnologías más innovadoras. Es la única que oferta la titulación en segundas lenguas de portugués, italiano, ruso, árabe, chino y japonés.
RASGO DESTACADO: Tiene convenios con más de 75 universidades de 25 países.
ALUMNOS: 1.650
PROFESORES: 130
NOTA DE CORTE: 8,58
PLAZAS: 272
DURACIÓN: 4 años
PRECIO ORIENTATIVO: 750 euros.
Sus puntos fuertes son la amplia oferta lingüística con el árabe como Primera Lengua extranjera (es la única de España que la ofrece) y sus cuatro itinerarios de especialización con una orientación muy práctica. Sus estudiantes tienen la nota de selectividad más alta de todo el territorio nacional.
RASGO DESTACADO: Se intenta simular distintos entornos laborales como el del teletrabajo.
ALUMNOS: 519
PROFESORES: 51
NOTA DE CORTE: 7,16
PLAZAS: 100
DURACIÓN: 4 años
PRECIO ORIENTATIVO: 600 euros.
Aprovecha al máximo las últimas tecnologías aplicadas a la docencia, la investigación y la gestión universitaria con aulas virtuales y ordenadores portátiles para estudiantes. A partir de tercer curso, es habitual que las clases de traducción, interpretación y terminología se impartan en los laboratorios de traducción e interpretación.
RASGO DESTACADO: Oferta cuatro itinerarios, entre ellos el de Traducción Audiovisual.
La gran cantidad de créditos de libre elección permiten personalizar la titulación e incluso cursar simultáneamente dos carreras.
Sigue el modelo docente europeo: menor presencia del alumno en las aulas y una marcada orientación profesional.
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20 de febrero de 2007
3 idiomas, 1.000 euros
PABLO CALVO
Fuente: Hoy Digital
TRAS un viaje reciente a Holanda, un amigo destacaba que 'todo el mundo en la calle habla inglés'. No el guía turístico, ni el recepcionista del hotel, ni cuatro palabras el taxista, ni el profesor o el periodista. Todo el mundo. A los españoles aún nos llama la atención porque en lo de hablar otros idiomas, por interés profesional o mero placer intelectual, vamos muy por detrás.
Siempre he creído que en ese retraso ha influido cierto orgullo español, el pensar, y en parte es cierto, que con el castellano vamos a todas partes, o al menos a muchos sitios. Tampoco ha ayudado, claro está, la autarquía que impuso el régimen franquista y el simple desprecio a lo extranjero.
Para solucionarlo, los planes educativos actuales han llevado los idiomas hasta a la más tierna infancia, y a los tres años los escolares ya reciben clases de inglés. Desconozco si el incorporar una segunda lengua desde tan pequeños, cuando los niños aún tienen problemas para decir en español los números de carrerilla, es una apuesta educativa eficaz o un gesto de cara a la galería, pero no implica mal alguno.
No basta, sin embargo, con que el sistema educativo prime el interés por los idiomas si el mercado profesional al que se van a incorporar luego esos alumnos que estudian inglés desde la infancia no valora este tipo de conocimientos.
Este fin de semana salía publicado un anuncio de trabajo para un puesto de auxiliar administrativo en una empresa de índole cultural, a cuyos aspirantes se le exige 'un mínimo de tres idiomas'. A cambio, un extraordinario salario bruto anual de 12.000 euros, menos de 1.000 euros netos al mes, sin pagas extras.
Vamos, que ves el anuncio y te dan ganas de dejar la academia de idiomas, ahorrarte el recibo y montar un puesto de flores, que son los que mañana, 14 de febrero, van a ganar realmente dinero.
http://www.blogs.hoy.es/pablocalvo
PABLO CALVO
Fuente: Hoy Digital
TRAS un viaje reciente a Holanda, un amigo destacaba que 'todo el mundo en la calle habla inglés'. No el guía turístico, ni el recepcionista del hotel, ni cuatro palabras el taxista, ni el profesor o el periodista. Todo el mundo. A los españoles aún nos llama la atención porque en lo de hablar otros idiomas, por interés profesional o mero placer intelectual, vamos muy por detrás.
Siempre he creído que en ese retraso ha influido cierto orgullo español, el pensar, y en parte es cierto, que con el castellano vamos a todas partes, o al menos a muchos sitios. Tampoco ha ayudado, claro está, la autarquía que impuso el régimen franquista y el simple desprecio a lo extranjero.
Para solucionarlo, los planes educativos actuales han llevado los idiomas hasta a la más tierna infancia, y a los tres años los escolares ya reciben clases de inglés. Desconozco si el incorporar una segunda lengua desde tan pequeños, cuando los niños aún tienen problemas para decir en español los números de carrerilla, es una apuesta educativa eficaz o un gesto de cara a la galería, pero no implica mal alguno.
No basta, sin embargo, con que el sistema educativo prime el interés por los idiomas si el mercado profesional al que se van a incorporar luego esos alumnos que estudian inglés desde la infancia no valora este tipo de conocimientos.
Este fin de semana salía publicado un anuncio de trabajo para un puesto de auxiliar administrativo en una empresa de índole cultural, a cuyos aspirantes se le exige 'un mínimo de tres idiomas'. A cambio, un extraordinario salario bruto anual de 12.000 euros, menos de 1.000 euros netos al mes, sin pagas extras.
Vamos, que ves el anuncio y te dan ganas de dejar la academia de idiomas, ahorrarte el recibo y montar un puesto de flores, que son los que mañana, 14 de febrero, van a ganar realmente dinero.
http://www.blogs.hoy.es/pablocalvo
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29 de enero de 2007
Una indignación que debería ser de todos
El comino de nuestra lengua
JAVIER MARÍAS 28/01/2007 en El País
Pocas veces he sentido más indignación que al leer el reportaje que sacó este diario hace dos semanas, de Virginia Collera y Enrique Murillo, sobre la actual situación de los traductores en España. No se me escapa que empezar así resulta un tanto hueco y retórico, dado que, como ustedes saben y padecen, me indigno aquí a menudo. Pero la cantidad de indignaciones no merma la calidad de cada una, y esta ha sido de primera. Hace mucho que no traduzco, con alguna excepción para mi editorial, Reino de Redonda, para la cual lo hago gratis, claro está. Pero en los años setenta y ochenta fue una de mis maneras de ganarme –mal– la vida. Se trata, desde siempre, de una tarea tan importante como mal retribuida y considerada, y a lo largo de decenios los traductores han esperado que al mundo de la edición llegase gente que supiese ser justa con ella: que se dignase poner el nombre del traductor, sin falta, y como se hace en Francia, en la cubierta de los libros; que no fuese indiferente a su calidad; que pagase como es debido algo extremadamente difícil –a veces milagroso– y esencial; que no viese esa actividad como un trámite, o un inevitable engorro, sino como lo que más hay que cuidar a la hora de publicar una obra escrita originalmente en lengua extranjera.
Las condiciones, sin embargo, no sólo no han ido a mejor, sino que han empeorado vergonzosamente. Si por las traducciones literarias se pagaba poco, ahora menos. Si antes se retribuía por folio, ahora la avaricia y tacañería de muchos editores los lleva a descontar cuanto no contenga texto –los diálogos, los puntos y aparte, los versos, los finales de capítulo, los sangrados–, como si las pausas no formaran parte de los textos y como si éstos se escribieran en un rollo de papel higiénico ancho, todo seguido. (Esto hace que los traductores ingresen un 20% menos … de lo que ya era una miseria.) Por último, cuentan Collera y Murillo, hay ya unas cuantas editoriales, algunas riquísimas –Planeta, Random House Mondadori, Gredos, Urano–, que llevan a cabo una de las prácticas más vejatorias, explotadoras e insensatas que se pueden concebir: "subastas a la baja", consistentes en que el editor ofrece un libro a tres o cuatro traductores, y el que esté dispuesto a vertérselo al castellano por una tarifa más baja, se llevará el gato al agua. Esto equivale a premiar al que tiene en menos su tarea, al que –en consonancia con el ridículo precio acordado– se tomará las molestias mínimas y entregará una chapuza, al que no se sentirá obligado ni a consultar el diccionario en caso de duda, ni tendrá reparo en cambiar o suprimir los pasajes que no entienda bien. En suma, al que tradicionalmente se llamaba "intruso" o "revientaprecios". Es justamente lo contrario de lo que se hace en Francia, donde, si un traductor se ofrece a trabajar por una tarifa inferior a la habitual, el editor desconfiará de él, dudará de su competencia y de la estima que su propia labor le merece, y, ya sólo por eso, no le entregará la obra. Aquí, el mundo al revés. Cuanto más barato sea alguien, más trabajo se le dará. Claro que también se puede ser barato por desesperación o por bisoñez, porque hay que sacar dinero de donde sea o porque se está empezando y es lo único que se quiere, empezar. Pero lo más frecuente es que se sea barato por mediocridad, aprovechamiento o haraganería.
Más de una vez he hablado del lamentable estado de nuestra lengua y de nuestras traducciones en particular, de las cuales nos nutrimos tanto o más que de lo escrito en español (¿o es que no son traducción innumerables noticias de prensa y televisión, o los subtítulos de las películas y las series?). Pero es que el círculo vicioso ya está creado, gracias en buena medida a los editores iletrados y avaros: éstos dan el trabajo al más pringado, éste aplica la ley de la jeta y no se molesta en mejorar, los críticos casi nunca enjuician las traducciones, para bien ni para mal, de modo que esos editores a los que se les debería caer la cara de vergüenza por ofrecer productos defectuosos cuando no infames, jamás son reprendidos por nadie ni ven disminuir sus beneficios, como merecerían; y a los lectores, por último, parece darles todo igual, o ya no saben distinguir. Hoy hay muchos que creen estar al día y haber leído a los mejores autores extranjeros, cuando lo único que han leído es un burdo simulacro, patoso y lleno de infidelidades y errores, de lo que originalmente escribieron. Así como uno no compra la leche Tal o los embutidos Cual, la nevera X o el ordenador Z porque sabe que son una porquería, a estas alturas deberíamos ya saber que de la editorial H o V uno jamás debe adquirir un libro traducido. Yo mismo podría darles aquí una pequeña lista, pero esa no es mi misión. Lo sería de los críticos, en primer lugar, y de los propios lectores a continuación. Y sólo así, al cabo del tiempo, podría acabarse con lo que expresaba un veterano traductor en el reportaje mencionado: "Hasta que podamos demostrar que las traducciones, las buenas y las malas, afectan a las ventas, a las editoriales les importarán un comino". Las traducciones también conforman –cada vez más– nuestra lengua, y ésta, francamente, jamás debería importarnos un comino a ninguno de los que la hablamos.
JAVIER MARÍAS 28/01/2007 en El País
Pocas veces he sentido más indignación que al leer el reportaje que sacó este diario hace dos semanas, de Virginia Collera y Enrique Murillo, sobre la actual situación de los traductores en España. No se me escapa que empezar así resulta un tanto hueco y retórico, dado que, como ustedes saben y padecen, me indigno aquí a menudo. Pero la cantidad de indignaciones no merma la calidad de cada una, y esta ha sido de primera. Hace mucho que no traduzco, con alguna excepción para mi editorial, Reino de Redonda, para la cual lo hago gratis, claro está. Pero en los años setenta y ochenta fue una de mis maneras de ganarme –mal– la vida. Se trata, desde siempre, de una tarea tan importante como mal retribuida y considerada, y a lo largo de decenios los traductores han esperado que al mundo de la edición llegase gente que supiese ser justa con ella: que se dignase poner el nombre del traductor, sin falta, y como se hace en Francia, en la cubierta de los libros; que no fuese indiferente a su calidad; que pagase como es debido algo extremadamente difícil –a veces milagroso– y esencial; que no viese esa actividad como un trámite, o un inevitable engorro, sino como lo que más hay que cuidar a la hora de publicar una obra escrita originalmente en lengua extranjera.
Las condiciones, sin embargo, no sólo no han ido a mejor, sino que han empeorado vergonzosamente. Si por las traducciones literarias se pagaba poco, ahora menos. Si antes se retribuía por folio, ahora la avaricia y tacañería de muchos editores los lleva a descontar cuanto no contenga texto –los diálogos, los puntos y aparte, los versos, los finales de capítulo, los sangrados–, como si las pausas no formaran parte de los textos y como si éstos se escribieran en un rollo de papel higiénico ancho, todo seguido. (Esto hace que los traductores ingresen un 20% menos … de lo que ya era una miseria.) Por último, cuentan Collera y Murillo, hay ya unas cuantas editoriales, algunas riquísimas –Planeta, Random House Mondadori, Gredos, Urano–, que llevan a cabo una de las prácticas más vejatorias, explotadoras e insensatas que se pueden concebir: "subastas a la baja", consistentes en que el editor ofrece un libro a tres o cuatro traductores, y el que esté dispuesto a vertérselo al castellano por una tarifa más baja, se llevará el gato al agua. Esto equivale a premiar al que tiene en menos su tarea, al que –en consonancia con el ridículo precio acordado– se tomará las molestias mínimas y entregará una chapuza, al que no se sentirá obligado ni a consultar el diccionario en caso de duda, ni tendrá reparo en cambiar o suprimir los pasajes que no entienda bien. En suma, al que tradicionalmente se llamaba "intruso" o "revientaprecios". Es justamente lo contrario de lo que se hace en Francia, donde, si un traductor se ofrece a trabajar por una tarifa inferior a la habitual, el editor desconfiará de él, dudará de su competencia y de la estima que su propia labor le merece, y, ya sólo por eso, no le entregará la obra. Aquí, el mundo al revés. Cuanto más barato sea alguien, más trabajo se le dará. Claro que también se puede ser barato por desesperación o por bisoñez, porque hay que sacar dinero de donde sea o porque se está empezando y es lo único que se quiere, empezar. Pero lo más frecuente es que se sea barato por mediocridad, aprovechamiento o haraganería.
Más de una vez he hablado del lamentable estado de nuestra lengua y de nuestras traducciones en particular, de las cuales nos nutrimos tanto o más que de lo escrito en español (¿o es que no son traducción innumerables noticias de prensa y televisión, o los subtítulos de las películas y las series?). Pero es que el círculo vicioso ya está creado, gracias en buena medida a los editores iletrados y avaros: éstos dan el trabajo al más pringado, éste aplica la ley de la jeta y no se molesta en mejorar, los críticos casi nunca enjuician las traducciones, para bien ni para mal, de modo que esos editores a los que se les debería caer la cara de vergüenza por ofrecer productos defectuosos cuando no infames, jamás son reprendidos por nadie ni ven disminuir sus beneficios, como merecerían; y a los lectores, por último, parece darles todo igual, o ya no saben distinguir. Hoy hay muchos que creen estar al día y haber leído a los mejores autores extranjeros, cuando lo único que han leído es un burdo simulacro, patoso y lleno de infidelidades y errores, de lo que originalmente escribieron. Así como uno no compra la leche Tal o los embutidos Cual, la nevera X o el ordenador Z porque sabe que son una porquería, a estas alturas deberíamos ya saber que de la editorial H o V uno jamás debe adquirir un libro traducido. Yo mismo podría darles aquí una pequeña lista, pero esa no es mi misión. Lo sería de los críticos, en primer lugar, y de los propios lectores a continuación. Y sólo así, al cabo del tiempo, podría acabarse con lo que expresaba un veterano traductor en el reportaje mencionado: "Hasta que podamos demostrar que las traducciones, las buenas y las malas, afectan a las ventas, a las editoriales les importarán un comino". Las traducciones también conforman –cada vez más– nuestra lengua, y ésta, francamente, jamás debería importarnos un comino a ninguno de los que la hablamos.
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26 de enero de 2007
El futuro está en los idiomas (20minutos)
A. HUERTAS. 26.01.2007 20 minutos Granada
La facultad es una de las mejores de España y tiene convenios de intercambio con ochenta universidades del mundo.
Los pasillos de la Facultad de Traducción e Interpretación son un pequeño Babel. En el centro hay alumnos de todas las nacionalidades hablando en nueve idiomas diferentes. «Nuestra metodología es muy diferente a la de las asignaturas convencionales», afirma la decana, Eva Muñoz.
A las tradicionales aulas hay que añadirles los cuatro laboratorios de idiomas, donde los alumnos traducen simultáneamente gracias a las nuevas tecnologías. «Aquí, como mínimo, los estudiantes aprenden dos idiomas: el inglés es casi obligatorio, y la mayoría lo elige como primera opción, y otro es opcional», matiza Muñoz.
Ruso, chino, francés, alemán, árabe, portugués, griego moderno, italiano e inglés, todos estos idiomas se puden aprender en Traductores. «Es complicado, pero a la vez bonito encontrarte a gente de todos los rincones por los pasillos», comenta María Eugenia Ferrán, de tercero de Alemán.
«El futuro», matiza Muñoz, «está en el árabe y el chino, sobre todo por el mercado potencial». Traductores es una de las dos facultades españoles que oferta la titulación necesaria para ser traductor oficial de árabe.
Las salidas laborales de estos estudiantes son, por otra parte, muy variadas. «Siempre piden idiomas en los trabajos», apostilla Daniel Retuerta, de Inglés, «y nosotros, además, tenemos una formación cultural y lingüística importante».
La facultad también ofrece la posibilidad a sus estudiantes de marcharse fuera a practicar la lengua elegida. «Hay convenios con ochenta universidades de todo el mundo», comenta la decana.
Con este movimiento, la falta de espacio y la necesidad de contar con más aulas son esenciales para el futuro de una facultad que no para de crecer.
En cifras:
Alumnos: 1.725
Departamentos: 1
Profesores: 122
Aulas: 16
Titulaciones: 2
Idiomas: Se imparten 9 (inglés, alemán, francés, árabe, italiano, ruso, portugués, griego moderno y chino)
Historia: Nace como facultad en 1994.
La facultad es una de las mejores de España y tiene convenios de intercambio con ochenta universidades del mundo.
Los pasillos de la Facultad de Traducción e Interpretación son un pequeño Babel. En el centro hay alumnos de todas las nacionalidades hablando en nueve idiomas diferentes. «Nuestra metodología es muy diferente a la de las asignaturas convencionales», afirma la decana, Eva Muñoz.
A las tradicionales aulas hay que añadirles los cuatro laboratorios de idiomas, donde los alumnos traducen simultáneamente gracias a las nuevas tecnologías. «Aquí, como mínimo, los estudiantes aprenden dos idiomas: el inglés es casi obligatorio, y la mayoría lo elige como primera opción, y otro es opcional», matiza Muñoz.
Ruso, chino, francés, alemán, árabe, portugués, griego moderno, italiano e inglés, todos estos idiomas se puden aprender en Traductores. «Es complicado, pero a la vez bonito encontrarte a gente de todos los rincones por los pasillos», comenta María Eugenia Ferrán, de tercero de Alemán.
«El futuro», matiza Muñoz, «está en el árabe y el chino, sobre todo por el mercado potencial». Traductores es una de las dos facultades españoles que oferta la titulación necesaria para ser traductor oficial de árabe.
Las salidas laborales de estos estudiantes son, por otra parte, muy variadas. «Siempre piden idiomas en los trabajos», apostilla Daniel Retuerta, de Inglés, «y nosotros, además, tenemos una formación cultural y lingüística importante».
La facultad también ofrece la posibilidad a sus estudiantes de marcharse fuera a practicar la lengua elegida. «Hay convenios con ochenta universidades de todo el mundo», comenta la decana.
Con este movimiento, la falta de espacio y la necesidad de contar con más aulas son esenciales para el futuro de una facultad que no para de crecer.
En cifras:
Alumnos: 1.725
Departamentos: 1
Profesores: 122
Aulas: 16
Titulaciones: 2
Idiomas: Se imparten 9 (inglés, alemán, francés, árabe, italiano, ruso, portugués, griego moderno y chino)
Historia: Nace como facultad en 1994.
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