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28 de mayo de 2010

El 'boom' nórdico no tiene traductores

Fuente: Público.es

Menos de 20 profesionales interpretan finés, islandés, danés, noruego y sueco a pesar de los cientos de títulos que se publican
Por Paula Cotorro


La literatura nórdica no tiene quien la traduzca en España. El boom de la novela negra desatada por autores como el sueco Stieg Larsson provocó que las editoriales buscasen autores por las esquinas más frías de Europa. Desde Islandia a Suecia, Finlandia y Dinamarca. Pero, ¿y quién traduce a todos esos escritores? La cruda realidad es que hay tan pocos profesionales que dominen el castellano y una lengua nórdica que acumulan exceso de trabajo y disparidad de criterios lingüísticos.

Además hay otros dos grandes inconvenientes: los plazos para entregar estos trabajos son cada vez más limitados, porque los sellos quieren lanzar cuanto antes el libro al mercado. Y las tarifas económicas, que rondan los 3.500 euros por libro, no han aumentado. Pocos traductores, poco tiempo y poco dinero. El fenómeno que quiere explotar la Feria del Libro de Madrid también tiene su cara amarga.

Las noruegas Kirstin y Kristina Baggethum, madre e hija, conocen esta situación. Son las únicas que se dedican a traducir a escritores noruegos al castellano. Kristin, que empezó la tarea hace más de 20 años con los libros de Knut Hamsun, señala que "el gran boom para Noruega llegó con El mundo de Sofía, de Josteein Gaarder, que vendió un millón de ejemplares. Entonces la literatura noruega se hizo visible. Pero ahora todo ha explotado. Si hace dos años se traducían uno o dos libros al año, ahora se piden 15. Se ha desmadrado todo".

Según los profesionales de las diferentes lenguas nórdicas con los que ha hablado este periódico, la situación ha llegado a un punto que muchos trabajos son rechazados. "Antes aceptaba todo lo que me ofrecieran, pero ahora no puedo. Una traducción me lleva mucho tiempo, incluso un año, ya que muchas veces tienes que reeler lo que has traducido la noche anterior", comenta Blanca Ortiz, manchega de 40 años que traduce a los autores daneses. Sólo tres personas, incluyéndola a ella, se dedican a esta tarea en España.

13 de julio de 2008

1 autor, varios traductores

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/semana/Servidos/rebajas/elpepuculbab/20080712elpb\abese_11/Tes/

Coautores

En mis tiempos de editor, que a veces me parecen anteriores a la
deriva de los continentes, no se solía trocear la traducción de una
misma novela encargándosela a tres personas: se daba por hecho que un
texto unitario traducido por un solo individuo tenía más posibilidades
de respetar las peculiaridades del original. Hoy los tiempos han
cambiado, y, al parecer, la prisa o la codicia han hecho obsoleta
aquella norma no escrita. Me he encontrado con un ejemplo de ello en
una novela publicada recientemente por Seix Barral, un sello
prestigioso. Pero es algo que ocurre con cierta frecuencia. Siempre he
considerado que el buen traductor es el coautor del libro en la lengua
de llegada, lo que conlleva dos enormes responsabilidades: la del
propio traductor y la del editor que lo contrata. En este país
contamos con excelentes traductores, pero el intrusismo y la
hipertrofia de la oferta han producido cierta trivialización del
oficio entre los menos escrupulosos de ambas partes. Salvo
excepciones, el salario de los traductores ha permanecido próximo a la
congelación en las últimas dos décadas: las tarifas que algunos
editores ofrecen a los traductores de inglés o francés no están muy
lejos de las que se pagaban en la década de los noventa. Claro que si
un buen traductor rechaza aceptar sueldos de miseria o ridículos
derechos de traducción, el editor oportunista levanta la
correspondiente piedra y -¡sapristi!- aparece una docena de
aficionados dispuestos a decir que sí a esas mismas condiciones con
tan desbordante entusiasmo como (en general) escasa competencia. Por
eso uno se encuentra a veces con traducciones que venga Dios y las lea
(y que nadie en la editorial se ha tomado la molestia de revisar). El
darwinismo del mercado editorial ha provocado que los traductores
sean, de todos los profesionales de la cadena del libro, los que menos
han disfrutado del crecimiento de la tarta en años pasados: incluso
algunos de los mejores han terminado desertando, cansados de esperar
reconocimiento tangible para su trabajo. Recuerdo que una excelente
traductora de Henry James me decía hace tiempo que ganaba más
traduciendo un folleto para una multinacional que una novela de
mediana extensión para una editorial importante. Todo lo anterior
viene un poco a trasmano, aunque esté relacionado con dos recientes
libros que he manejado estos días y que no deberían faltar en el fondo
de biblioteca de todo buen traductor: Decir casi lo mismo, de Umberto Eco (Lumen, traducción de Helena Lozano), que recoge diversos textos
del semiólogo italiano en torno a "la experiencia de la traducción", y
La traducción de la A a la Z (Berenice), un interesante glosario
recopilado por Vicente Fernández González, un profesional que enseña y
reflexiona sobre un oficio al que usted, improbable lector/a, y yo
debemos momentos inolvidables.